5/27/2009

Las estaciones - Hoja marchita - - Hermann Hesse -

Toda flor quiere su fruto,
toda mañana, crepúsculo.
No hay nada eterno en la tierra,
salvo la transformación, la huída.

Hasta el verano más radiante
se marchitará un día y será otoño.
Quieta, hoja, ten paciencia
cuando venga a llevarte el viento.

Sigue jugando, no te defiendas.
Calma, deja que las cosas pasen,
deja que el viento, el que te quiebra,
sople y te lleve a casa.

José Ángel Valente - fragmento -

...La primera caída de la nieve
y el silencio tenaz de la naturaleza
en el amanecer.

Me esfuerzo en descifrar un pájaro.

Pato de Invierno - José Ángel Valente -

Por encima del agua helada
el patito se resbalaba.
Por encima del agua dura,
el patito de la laguna.
Por encima del agua fría,
el patito silba que silba.
Silba que silba se resbalaba
y en vez de llorar silbaba.

9/10/2008

Ray Bradbury - Fahrenheit 451

─Cuando muere, todo el mundo debe dejar algo detrás, decía mi abuelo. Un hijo, un libro, un cuadro, una pared levantada o un par de zapatos. O un jardín plantado. Algo que tu mano tocará de un modo especial, de modo que tu alma tenga algún sitio a donde ir cuando tú mueras, y cuando la gente mire ese árbol, o esa flor, que tú plantaste, tú estarás allí. “No importa lo que hagas ─decía─, en tanto que cambies algo respecto a como era antes de tocarlo, convirtiéndolo en algo que sea como tú después de que separes de ellos tus manos. La diferencia entre el hombre que se limita a cortar el césped y el auténtico jardinero está en el tacto. El cortador de césped igual podría no haber estado allí, el jardinero estará allí para siempre.

8/05/2008

Canto a mí mismo, 46. -Walt Withman-

...Viajo eternamente,

Mis señas son un capote de invierno, zapatos recios y un báculo cortado en el bosque,

Ningún amigo mío se sentará en mi silla a descansar
no tengo cátedra, ni iglesia, ni filosofía,
No llevo a ningún hombre a la mesa puesta, ni a la biblioteca, ni a la bolsa
Pero a vosotros, hombres y mujeres, os llevo a la cumbre,
Con mi brazo izquierdo os rodeo la cintura,
Con mi mano derecha os señalo los paisajes y el camino real.

Ni yo, ni nadie, pueden recorrer ese camino por tí,
Tú mismo tienes que recorrerlo.

No queda lejos, es fácil llegar a él,
Acaso has estado recorriéndolo, desde que naciste, sin saberlo,
Acaso está en todas partes, en la tierra y en el mar.

Échate tus trapos al hombro, hijo mío, yo tomaré los míos y pongámonos en camino sin demora,
Maravillosas ciudades y naciones libres encontraremos a nuestro paso.

Si te cansas, me darás las dos cargas y apoyarás tu mano en mi cadera,
Y, cuando yo te lo pida, me recompensarás con el mismo servicio,
Pues, habiéndonos puesto en marcha, ya no podremos descansar.

Esta mañana, antes del amanecer, subí a una colina acontemplar el firmamento poblado de estrellas,
Y le dije a mi alma: Cuando poseamos aquellos mundos y el placer y la sabiduría de todo cuanto hay en ellos, ¿estaremos por fin llenos y satisfechos?
Y mi alma dijo: No, no habremos hecho otra cosa que alcanzar esos mundos para ir más allá.

También tú me haces preguntas y yo te escucho,
Y te digo que no puedo contestarte, y que la respuesta has de encontrarla por ti mismo.

Siéntate un momento, hijo mío,
Aquí tienes pan para comer y leche para beber,
Más tan pronto como hayas dormido y te hayas puesto ropa fresca, te daré u nbeso de adiós y te abriré la puerta para que salgas.

6/24/2008

No te detengas -Walt Whitman

NO TE DETENGAS
.
No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,
sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento.
No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,
que es casi un deber.
No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.
No dejes de creer que las palabras y las poesías
sí pueden cambiar el mundo.
Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.
Somos seres llenos de pasión.
La vida es desierto y oasis.
Nos derriba, nos lastima,
nos enseña,
nos convierte en protagonistas
de nuestra propia historia.
Aunque el viento sople en contra,
la poderosa obra continúa:
Tú puedes aportar una estrofa.
No dejes nunca de soñar,
porque en sueños es libre el hombre.
No caigas en el peor de los errores:
el silencio.
La mayoría vive en un silencio espantoso.
No te resignes.
Huye.
"Emito mis alaridos por los techos de este mundo",
dice el poeta.
Valora la belleza de las cosas simples.
Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas,
pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.
Eso transforma la vida en un infierno.
Disfruta del pánico que te provoca
tener la vida por delante.
Vívela intensamente,
sin mediocridad.
Piensa que en ti está el futuro
y encara la tarea con orgullo y sin miedo.
Aprende de quienes puedan enseñarte.
Las experiencias de quienes nos precedieron
de nuestros "poetas muertos",
te ayudan a caminar por la vida
La sociedad de hoy somos nosotros:
Los "poetas vivos".
No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas ...

2/11/2008

Manuscrito

Camina plácidamente entre el ruido y la prisa, y recuerda la paz que se puede encontrar en el silencio. Vive en buenas relaciones con todas las personas, todo lo que puedas, sin rendirte.
Di tu verdad tranquila y claramente; escucha a los demás; incluso al aburrido y al ignorante; ellos también tienen su propia historia.
Evita a las personas ruidosas y agresivas, sin vejaciones al espíritu. Si te comparas con otros, te volverás vano y amargado; porque siempre habrá personas más grandes y más pequeñas que tú.
Disfruta de tus logros así como de tus planes. Mantén el interés por tu propia carrera, por humilde que sea; es una verdadera fortuna en las cambiantes vicisitudes de los tiempos. Sé cauto en tus negocios; porque el mundo está lleno de engaños. Pero no por eso te ciegues a la virtud que, sin duda, existe; mucha gente lucha por altos ideales; y, en todas partes, la vida está llena de heroísmo.
Sé tú mismo. Especialmente no finjas afectos. Tampoco seas cínico en el amor; porque, frente a toda aridez y desencanto, el amor es perenne como la hierba. Recoge mansamente el consejo de los años, renunciando con donaire a las cosas de la juventud. Nutre la fuerza de tu espíritu para que te proteja en las desgracias repentinas, pero no te angusties con fantasías. Muchos temores nacen de la fatiga y de la soledad. Junto con una sana disciplina, sé amable contigo mismo. Tú eres una criatura del universo, no menos que los árboles y las estrellas; tú tienes derecho a estar aquí. Y te resulte evidente o no, sin duda el universo se desenvuelve como debiera.
Por lo tanto, mantente en paz con Dios, de cualquier modo que lo concibas. Y, cualesquiera que sean tus trabajos y aspiraciones, mantén, en la ruidosa confusión, paz con tu alma. Con todas sus farsas, trabajos y sueños rotos, éste sigue siendo un mundo hermoso. Ten cuidado. Esfuérzate en ser feliz.

(Manuscrito anónimo encontrado en la vieja iglesia de Saint Paul, Baltimore, 1693)

11/27/2007

Pablo Neruda -Cien Sonetos de amor- VIII

Si no fuera porque tus ojos tienen color de luna
de día con arcilla, con trabajo, con fuego,
y aprisionada tienes la agilidad del aire
si no fuera porque eres una semana de ámbar,
.
si no fuera porque eres el momento amarillo
en que el otoño sube por las enredaderas
y eres aún el pan que la luna fragante
elabora paseando su harina por el cielo,
¡Oh bienamada, yo no te amaría!
En tu abrazo yo abrazo lo que existe,
la arena, el tiempo, el árbol de la lluvia,
.
y todo vive para que yo viva:
sin ir tan lejos puedo verlo todo:
veo en tu vida todo lo viviente.

León Felipe de su libro -El poeta canta al viento-

Fragmento de un poema titulado: Y una vez...

.
.
Tres poetas
una estrella
y un dragón
La estrella es siempre la misma
y el mismo es siempre el dragón,
pero los poetas: tres
y tres es como tres mil
trescientos mil
o un trillón...
(Este número se mide
por el hambre del Dragón).

11/26/2007

El Orco -El aprendiz de sabio-

Una vez –de esto hace muchos años-, Li Chu, el pequeño aprendiz, se escapó de la casa de su padre, el honorable Huang Go y atravesó toda la china a pie buscando a un venerable monje que fuera su maestro.
Durante setecientos años Li Chu atravesó montañas, ríos, valles y collados, y en ese tiempo sintió a menudo la mordedura del frío y el aguijón del hambre y el calor.
Un día, al bajar de una montaña, encontró un pequeño monasterio y supo que había llegado al final de su viaje. Llamó a la puerta y aún esperó doscientos años más a que le abrieran, hasta que una mañana un monje le invitó a pasar.
Mingyar Dondup, un sabio que había sido consejero del Más Recóndito, le recibió en persona.
-Dime, Li Chu ¿Qué quieres de nosotros? –le pregunto Mingyar Dondup.
-Vengo a aprender de usted, el hombre más sabio de la tierra –le contestó Li Chu.
-Muy bien –dijo Mingyar Dondup-, tomaremos un buen tazón de tsampa y empezaré a enseñarte la gran sabiduría de mis antepasados.
Mientras decía esto, Mingyar Dondup buscaba a tientas su tazón en la penumbra de la sala, y como no lo hallara comenzó a impacientarse.
-¡Estos monjes son unos descuidados! –dijo de pronto-, no encienden las lámparas a tiempo, se dejan la manteca de yak por todas partes… Pero… ¿dónde estará ese maldito tazón?
-Maestro –le dijo el aprendiz-, vengo a aprender de usted pero antes quisiera transmitiros un mensaje.
- Mingyar Dondup miró al discípulo intrigado.
-¿Qué dice tu mensaje? –respondió.
-El discípulo miró a los pies de su maestro y dijo con toda la humildad que fue capaz de reunir en ese instante:
-Esperando en la puerta he aprendido algo de vuestro jardinero.
-¿Del jardinero? Dime qué es eso pues -dijo Mingyar Dondup.
-Es que es algo que os va a doler bastante.
-¡Dímelo pues, cuanto antes! –repuso Mingyar Dondup, ahora ya muy impaciente.
-Maestro, esperando en la puerta he aprendido que el buen jardinero no necesita alcorques pues siembra con serenidad, riega con lentitud y así le da tiempo al espíritu del agua para que encuentre su espacio y su lugar.
- Mingyar Dondup, que siempre andaba a vueltas trabajando en los alcorques, sintió como un rayo le fulminaba y en ese instante comprendió, de un modo inesperado, el misterio profundo que hacía funcionar el eje de La Rueda De La Vida.
- Mingyar Dondup miró al discípulo, le dio las gracias y comenzó a enseñarle lo que guardaba allá en lo más profundo de su corazón, pero el discípulo, interrumpiéndole de nuevo, dijo:
-Sólo una cosa más, maestro… Vuestro tazón… Lleváis sentado sobre él todo este tiempo.
Y entonces los dos estallaron en una prolongada carcajada, y así el discípulo, pudo empezar, después de tanto tiempo, a aprender por fin de su maestro.